Cuetzalan no solo es un destino: es una herencia que respira en cada piedra, en cada plegaria, en cada danza.
Y este 16 de agosto, su zona arqueológica se convierte en el escenario sagrado donde la identidad florece y la memoria ancestral se abraza con el presente.
Así regresa el Kampa Yohualichan, una celebración que —tras cinco años de pausa— vuelve con más fuerza, más raíz y más corazón.
Con el respaldo del Gobierno del Estado de Puebla y la coordinación entre la Secretaría de Desarrollo Turístico y el ayuntamiento de Cuetzalan del Progreso, este evento no solo busca reunir a más de mil 500 danzantes en un homenaje vivo a los pueblos originarios; también proyecta una derrama económica superior a los 30 millones de pesos, en un modelo de turismo con propósito, con respeto y con profundo arraigo comunitario.
“La esencia de Puebla está en su gente y en sus tradiciones”, compartió la secretaria Carla López-Malo, al presentar este festival como una joya de identidad cultural. Porque el Kampa Yohualichan no es solo un evento: es una ceremonia viva, donde el cuerpo se convierte en ofrenda, la danza en oración y el visitante en testigo de algo eterno.
Cuetzalan es el primero del estado, reconocido como la Villa Turística Más Bonita del Mundo por ONU Turismo, y también nombrado por México Desconocido como el Mejor Pueblo Mágico para una escapada romántica. Aquí, el amor y la historia se entrelazan en cada calle, cada alta, cada nube suspendida entre montañas.

Cuetzalan se siente.
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